Y
aparecen de nuevo las dudas. Odio la mentira, odio que me mientan, pero aún
sabiendo que me mienten, lo acepto. Hace 4 o 5 meses, con solo una mentira me hubiera
perdido, y no me hubiera importado en absoluto, ¿por qué ahora si? ¿qué ha cambiado? Una
verdad a medias es la mayor de las mentiras, así que si no me vais a contar toda la
verdad, mejor no me digáis nada, prefiero no saberlo. La verdad no duele más que la
mentira, lo que duele es saberla, pero que nadie te diga nada. La mentira que más
duele es la que se dice a la cara. Cuando se tiene la sangre fría de mentir
mirando a los ojos, ya no se sabe de lo que puede ser capaz la otra persona, no consigues reconocerla, se
pierde demasiada confianza. Ya no sabes lo que creerte y lo que no creerte. Vuelve el miedo.

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